Una de las preguntas más habituales en un proyecto ERP es: ¿cuánta carga de trabajo tendrán que asumir mis usuarios?. Los proveedores solemos responder con un esquema típico: al inicio, la fase más intensa de reuniones y toma de requisitos; después, una disminución progresiva con algunos picos durante las iteraciones; y finalmente, un repunte fuerte antes del arranque por la migración de datos, seguido de una bajada al estabilizarse el uso del sistema.
En teoría, este plan sería realista si los usuarios tuvieran tiempo disponible y pudieran aportar siempre con la máxima calidad. Pero la realidad es muy distinta: esas personas ya están sacando adelante la empresa, con agendas saturadas, presión diaria y poco margen para asumir un extra. Es decir, ningún proyecto se implanta en una organización “desahogada” de trabajo.
Por eso, es fundamental que cliente y proveedor entiendan que son socios temporales en un mismo objetivo. El equilibrio se rompe si el proveedor percibe falta de respuesta por parte de los usuarios o si, del otro lado, los empleados sienten que la carga es insostenible. Y lo peor que puede pasar es que, en lugar de mejorar, el proyecto termine quemando talento clave, provocando salidas en la empresa.
La solución pasa por reconocer esta realidad desde el inicio, planificar con honestidad y ajustar expectativas. Un ERP no se trata solo de tecnología, sino de personas y tiempos reales, y la única manera de lograr el éxito es que ambas partes trabajen alineadas, con empatía y compromiso compartido.
